Los hábitos alimenticios de las personas van cambiando a medida que va pasando el tiempo y a medida que van cambiando los estilos de vida de las sociedades. Para los tiempos actuales, el consumo de la denominada “comida chatarra” es la que marca la parada, entendiéndose por ella a todos aquellos alimentos de fácil preparación y elaboración, pero con un contenido nutricional muy bajo.
La “comida chatarra” se consigue a cualquier hora y en cualquier lugar, en una amplia gama de presentaciones y a un costo relativamente bajo en comparación con los diferentes platos de comida ofrecidos por los restaurantes de comida gourmet. Es el tipo de comida ideal cuando se trata de saciar el apetito sin mayores complicaciones y para cuando no se dispone de mucho tiempo e interés para dedicarse a las labores culinarias.
Son muy pocas las personas que pueden afirmar con total certeza que nunca en su vida han probado la “comida chatarra”, empezando porque ya desde muy temprana edad los niños empiezan a sentir una tentación irresistible hacia este tipo de comidas, dejando a un lado por completo las frutas, verduras, sopas y otros alimentos que los padres repiten hasta el cansancio que deben ser consumidos para llevar una dieta sana y balanceada.
Y esa tentación irresistible por la “comida chatarra” se va haciendo más y más fuerte con el transcurrir de los años y para algunas personas puede llegar hasta el punto de convertirse un vicio inevitable e incontrolable, tal como sucede en los casos del alcoholismo y el tabaquismo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Sociedad Médica de Estados Unidos han realizado numerosas investigaciones y publicaciones sobre los efectos de la comida chatarra. Entre los resultados obtenidos por estas instituciones se ha encontrado que contienen altos niveles de colesterol, que producen obesidad, que intoxican lentamente el organismo, que no aportan nutrientes esenciales, etc. Estas afirmaciones son ciertas y se aprecian a simple vista: para nadie es un misterio que más de la mitad de la población de Estados Unidos tiene problemas de sobrepeso asociados al consumo excesivo de este tipo de comidas, además, la obesidad se ha convertido en la segunda causa de muerte en este país. En otras partes del mundo la situación es muy similar y por esta razón el problema comienza a ser alarmante.
La publicidad y el mercadeo tienen una gran complicidad en este asunto, diariamente las personas se ven expuestas a un bombardeo de información por parte de los medios en donde se les anuncian grandes porciones de comida grasosa sin elementos nutrientes. Mediante provocativas fotografías y mensajes que llegan directamente a la mente del consumidor, se induce al público a optar por esta comida argumentando que es una gran opción para calmar el hambre de una manera instantánea, pero jamás mencionan o advierten sobre las consecuencias que pueden traer a largo plazo.
Existe un agravante para esto y es que en los restaurantes de comidas rápidas es muy común encontrar los denominados “combos”, en los que además del plato principal los clientes pueden agregar otros complementos como grandes vasos de gaseosas, papas fritas, tocineta, carnes frías y todo tipo de frituras, todo esto a unos precios ridículamente bajos. Así de esta manera, los puntos de venta de comida rápida logran unos niveles de ventas muy elevados y convencen a los clientes de que han tomado la mejor decisión alimenticia.
Como dice el refrán: “todo en exceso es malo”. Es innegable que de cuando en vez es muy agradable y gustoso deleitarse con alguna “comida chatarra”, pero no podemos abusar de ella o simplemente reemplazarla por la tradicional comida “hogareña”, rica en nutrientes, proteínas y carbohidratos. Debemos consentir y cuidar nuestra salud y nuestro organismo con alimentos saludables, no podemos llegar al punto de creer que somos simplemente máquinas procesadoras de alimentos.
Somos nosotros mismos quienes decidimos si la “comida chatarra” se convierte en una bendición o en una maldición.

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